La tercera guardia había terminado, así que Nel despertó a sus peculiares compañeros. Se acercó al minotauro muy cautelosamente, sabía que si lo sorprendía podría ser rebanado por una rápida cimitarra. -Buenos días Epe- le dijo suavemente. –¿Mhmmn? ¡¿Qué diablos?! ¿Quién anda ahí? ¡Ah, eres tú elfo!-
Despertar al humano fue menos escalofriante, a los pocos minutos los tres ya estaban desayunando. Ron dijo en tono casual. –¿Y que trae a unos personajes como ustedes a este bosque?- dijo tratando de ocultar su curiosidad.
-Pues yo voy a Candlekeep a buscar unas respuestas- contestó Epe, el minotauro. -¡Qué casualidad!- dijo el mago, –ese también es mi destino. ¡Escuché que su biblioteca es impresionante!- hablaba como un niño hablando de su pastel favorito. -Pues espero que traigan su aportación para accesar.- Dijo Ron después de pasarse el bocado de conservas que desayunaba. El minotauro asintió mientras abrió un poco su morral para que se asomara un grueso libro. –“Aportación”- preguntó Nel extrañado. –Se refiere a un libro, todo el que quiera entrar a Candlekeep tiene que donar uno.- contestó el minotauro.
-¡Vaya! Nunca esperé que un minotauro supiera eso y que un mago no.- dijo Ron. –Ah viajero, es que yo no soy cualquier minotauro.- replicó Epe con un aire de soberbia. -¿Y qué clase de respuestas busca un minotauro “especial” en una biblioteca?- dijo el humano claramente interesado. “Eso es muy mi asunto” respondió Epe de forma tajante. -Pues yo vivo en Candlekeep, así que si les parece podemos seguir haciéndonos compañía, al menos hasta el Brazo Amigo, tal vez ahí puedas conseguir un libro Nel, si tienes suerte.- Al poco tiempo los tres estaban en marcha.
No habían caminado mucho cuando el elfo escuchó un gemido suplicante. Los tres viajeros siguieron sigilosamente el llamado. Bajo un árbol encontraron a un anciano malherido, por su túnica y báculo supusieron que se trataba de un mago. Epe intentó ayudar al hombre con una poción de curación, pero el anciano lo detuvo, sabía que ya era demasiado tarde.
El mago miro detenidamente a los tres peculiares compañeros. Nel detectó un leve resplandor en sus ojos y supo inmediatamente que estaba usando un conjuro para identificar si había bondad o maldad en su ser. Después del examen el viejo descubrió algo que estaba protegiendo, era una extraña urna. Tenía runas arcanas en los laterales y la tapa estaba adornada por una peculiar gema, la cual estaba rodeada por tres círculos. En uno de ellos había una desconocida marca. Parecía una runa, pero el mago no podría reconocerla.
–Protéjanla.- dijo el viejo casi en un susurro mientras ponía el objeto en las manos del elfo. Varias cosas sucedieron entonces casi al mismo tiempo.
En cuanto Nel tocó la urna sintió un ardor en su pecho. En uno de los círculos de la tapa se dibujó una segunda marca. El herido hechicero exhaló su último aliento y el círculo de la urna que estaba marcado previamente quedó vacío. Todo ocurrió rápidamente, pero aunque no hubiera sido así la confusión general no sería menor.
El elfo descubrió su pecho y casi quedó paralizado el observar la razón de su ardor. Justo sobre su corazón vio la misma misteriosa marca que había aparecido en la tapa de la urna. Las líneas parecían haber sido hechas con un fierro incandescente. –Ay mago. ¡Cómo te gusta meterte en pedos!- exclamó el minotauro y fue lo único que se dijo por varios minutos.
domingo, 12 de febrero de 2012
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