jueves, 6 de noviembre de 2008

EL ENCUENTRO

La luna llena se colaba entre las ramas del Bosque de la Capa (Cloakwoods), un lugar peligroso para cualquier comerciante inexperto, pero un poco menos para aquel que descansaba entre las raíces de un fuerte roble. Cubriéndose del cruel frío con su vieja capa, el viajero se reponía de los kilómetros que había andado desde Puerta de Baldur, y se preparaba para los que le faltaban para llegar a Candlekeep.
Pero la relativa calma de la noche fue interrumpida por los sonidos que delataban un conflicto a tan sólo unos metros de ahí. Intrigado, el fornido viajero fue a investigar.

Lo que vio al asomarse entre los arbustos lo dejó sin aliento. No era el grupo de orcos ni el elfo amarrado que tenían como prisionero, era el descomunal minotauro que estaba peleando contra ellos. Era muy pronto para saber si la criatura estaba tratando de rescatar al Elfo o compitiendo con los orcos por su presa. Pero lo que era indudable es que el humanoide de puntiagudas orejas necesitaba su ayuda.
- ¡A ellos hombres! - gritó el viajero al tiempo que salía de su escondite blandiendo su espada de manera amenazadora.
Su plan funcionó relativamente bien, no logró que ningún orco huyera, pero al menos consiguió que algunos de ellos formaran un perímetro para protegerse de los ficticios atacantes. Esto dio tiempo al viajero de derrotar a una de las criaturas, mientras que veía con asombro al minotauro encargarse de otras dos. Su ferocidad era asombrosa, peleaba con tal intensidad que el viajero tuvo que guardar su distancia para evitar ser alcanzado por los mortales golpes de su cimitarra. El viajero aprovechó la situación para liberar al elfo. - ¿Estás bien? - le preguntó, esperando que hablara su idioma, cosa que comprobó al verlo afirmar con la cabeza.
El viajero le dio la espalda para enfrentar a los enemigos que aún quedaban en pie, pero fue sorprendido por una luminosa energía que pasó sobre su hombro. El misil mágico se impactó en uno de los orcos, tirándolo al suelo para siempre. Al girar, comprobó su sospecha, el elfo era conocedor de las artes arcanas.
- Me sorprende que hayan logrado capturar a alguien con tus habilidades.- dijo el humano. -El sorprendido fui yo, esos malditos…- Entonces un grito lo interrumpió: -¡Corre mientras puedas sucio orco!- era la gruesa voz del minotauro que aún blandía su arma, aunque el único monstruo sobreviviente ya corría a metros de distancia. -¡Si vuelves te abro una tercera nalga con mi cimitarra! ¿Y ustedes qué?- Esta vez se dirigía al humano y al elfo que lo veían con extrañeza. -Será mejor que te cuides elfo, no siempre voy a estar aquí para sacarte de pedos.-
Entonces intervino el humano -De hecho creo que sería buena idea acampar juntos, estos bosques no son seguros.- El minotauro ladeo un poco la cabeza y miró de pies a cabeza al viajero, decidiendo si era digno de su simpatía. -Pues es mejor que dormir solo.- dijo después de unos segundos. -Me parece una gran idea. Por cierto soy Nelros Tinúviel, pero me dicen Nel.-dijo el elfo con actitud conciliadora. -Ron, mucho gusto- respondió el humano estrechando su mano. -Epe- Dijo el minotauro y se fue a dormir.