domingo, 12 de febrero de 2012

CUANDO EL DESTINO LLAMA

La tercera guardia había terminado, así que Nel despertó a sus peculiares compañeros. Se acercó al minotauro muy cautelosamente, sabía que si lo sorprendía podría ser rebanado por una rápida cimitarra. -Buenos días Epe- le dijo suavemente. –¿Mhmmn? ¡¿Qué diablos?! ¿Quién anda ahí? ¡Ah, eres tú elfo!-
Despertar al humano fue menos escalofriante, a los pocos minutos los tres ya estaban desayunando. Ron dijo en tono casual. –¿Y que trae a unos personajes como ustedes a este bosque?- dijo tratando de ocultar su curiosidad.
-Pues yo voy a Candlekeep a buscar unas respuestas- contestó Epe, el minotauro. -¡Qué casualidad!- dijo el mago, –ese también es mi destino. ¡Escuché que su biblioteca es impresionante!- hablaba como un niño hablando de su pastel favorito. -Pues espero que traigan su aportación para accesar.- Dijo Ron después de pasarse el bocado de conservas que desayunaba. El minotauro asintió mientras abrió un poco su morral para que se asomara un grueso libro. –“Aportación”- preguntó Nel extrañado. –Se refiere a un libro, todo el que quiera entrar a Candlekeep tiene que donar uno.- contestó el minotauro.

-¡Vaya! Nunca esperé que un minotauro supiera eso y que un mago no.- dijo Ron. –Ah viajero, es que yo no soy cualquier minotauro.- replicó Epe con un aire de soberbia. -¿Y qué clase de respuestas busca un minotauro “especial” en una biblioteca?- dijo el humano claramente interesado. “Eso es muy mi asunto” respondió Epe de forma tajante. -Pues yo vivo en Candlekeep, así que si les parece podemos seguir haciéndonos compañía, al menos hasta el Brazo Amigo, tal vez ahí puedas conseguir un libro Nel, si tienes suerte.- Al poco tiempo los tres estaban en marcha.

No habían caminado mucho cuando el elfo escuchó un gemido suplicante. Los tres viajeros siguieron sigilosamente el llamado. Bajo un árbol encontraron a un anciano malherido, por su túnica y báculo supusieron que se trataba de un mago. Epe intentó ayudar al hombre con una poción de curación, pero el anciano lo detuvo, sabía que ya era demasiado tarde.
El mago miro detenidamente a los tres peculiares compañeros. Nel detectó un leve resplandor en sus ojos y supo inmediatamente que estaba usando un conjuro para identificar si había bondad o maldad en su ser. Después del examen el viejo descubrió algo que estaba protegiendo, era una extraña urna. Tenía runas arcanas en los laterales y la tapa estaba adornada por una peculiar gema, la cual estaba rodeada por tres círculos. En uno de ellos había una desconocida marca. Parecía una runa, pero el mago no podría reconocerla.
–Protéjanla.- dijo el viejo casi en un susurro mientras ponía el objeto en las manos del elfo. Varias cosas sucedieron entonces casi al mismo tiempo.
En cuanto Nel tocó la urna sintió un ardor en su pecho. En uno de los círculos de la tapa se dibujó una segunda marca. El herido hechicero exhaló su último aliento y el círculo de la urna que estaba marcado previamente quedó vacío. Todo ocurrió rápidamente, pero aunque no hubiera sido así la confusión general no sería menor.
El elfo descubrió su pecho y casi quedó paralizado el observar la razón de su ardor. Justo sobre su corazón vio la misma misteriosa marca que había aparecido en la tapa de la urna. Las líneas parecían haber sido hechas con un fierro incandescente. –Ay mago. ¡Cómo te gusta meterte en pedos!- exclamó el minotauro y fue lo único que se dijo por varios minutos.

jueves, 6 de noviembre de 2008

EL ENCUENTRO

La luna llena se colaba entre las ramas del Bosque de la Capa (Cloakwoods), un lugar peligroso para cualquier comerciante inexperto, pero un poco menos para aquel que descansaba entre las raíces de un fuerte roble. Cubriéndose del cruel frío con su vieja capa, el viajero se reponía de los kilómetros que había andado desde Puerta de Baldur, y se preparaba para los que le faltaban para llegar a Candlekeep.
Pero la relativa calma de la noche fue interrumpida por los sonidos que delataban un conflicto a tan sólo unos metros de ahí. Intrigado, el fornido viajero fue a investigar.

Lo que vio al asomarse entre los arbustos lo dejó sin aliento. No era el grupo de orcos ni el elfo amarrado que tenían como prisionero, era el descomunal minotauro que estaba peleando contra ellos. Era muy pronto para saber si la criatura estaba tratando de rescatar al Elfo o compitiendo con los orcos por su presa. Pero lo que era indudable es que el humanoide de puntiagudas orejas necesitaba su ayuda.
- ¡A ellos hombres! - gritó el viajero al tiempo que salía de su escondite blandiendo su espada de manera amenazadora.
Su plan funcionó relativamente bien, no logró que ningún orco huyera, pero al menos consiguió que algunos de ellos formaran un perímetro para protegerse de los ficticios atacantes. Esto dio tiempo al viajero de derrotar a una de las criaturas, mientras que veía con asombro al minotauro encargarse de otras dos. Su ferocidad era asombrosa, peleaba con tal intensidad que el viajero tuvo que guardar su distancia para evitar ser alcanzado por los mortales golpes de su cimitarra. El viajero aprovechó la situación para liberar al elfo. - ¿Estás bien? - le preguntó, esperando que hablara su idioma, cosa que comprobó al verlo afirmar con la cabeza.
El viajero le dio la espalda para enfrentar a los enemigos que aún quedaban en pie, pero fue sorprendido por una luminosa energía que pasó sobre su hombro. El misil mágico se impactó en uno de los orcos, tirándolo al suelo para siempre. Al girar, comprobó su sospecha, el elfo era conocedor de las artes arcanas.
- Me sorprende que hayan logrado capturar a alguien con tus habilidades.- dijo el humano. -El sorprendido fui yo, esos malditos…- Entonces un grito lo interrumpió: -¡Corre mientras puedas sucio orco!- era la gruesa voz del minotauro que aún blandía su arma, aunque el único monstruo sobreviviente ya corría a metros de distancia. -¡Si vuelves te abro una tercera nalga con mi cimitarra! ¿Y ustedes qué?- Esta vez se dirigía al humano y al elfo que lo veían con extrañeza. -Será mejor que te cuides elfo, no siempre voy a estar aquí para sacarte de pedos.-
Entonces intervino el humano -De hecho creo que sería buena idea acampar juntos, estos bosques no son seguros.- El minotauro ladeo un poco la cabeza y miró de pies a cabeza al viajero, decidiendo si era digno de su simpatía. -Pues es mejor que dormir solo.- dijo después de unos segundos. -Me parece una gran idea. Por cierto soy Nelros Tinúviel, pero me dicen Nel.-dijo el elfo con actitud conciliadora. -Ron, mucho gusto- respondió el humano estrechando su mano. -Epe- Dijo el minotauro y se fue a dormir.